El 7 de mayo de 2026, la NCAA anunció una de las decisiones estructurales más importantes de la última década para el baloncesto universitario femenino. A partir de 2027, el torneo March Madness femenino dejará de tener 68 equipos para pasar a tener 76. Ocho plazas nuevas. A primera vista parece un dato técnico para aficionados americanos. En realidad, es una de las mejores noticias que ha podido llegar para cualquier jugadora española que esté pensando en dar el salto a la universidad americana.
Qué cambia exactamente
La expansión no toca el corazón del torneo. El bracket de 64 equipos, los regionales, el Final Four y el partido por el campeonato nacional siguen exactamente igual. Lo que cambia es la fase previa: se añade una ronda de apertura con 12 partidos entre 24 equipos que se celebrará los días 17 y 18 de marzo de 2027 en los campus de las universidades mejor clasificadas. Los 24 participantes en esa ronda serán los 12 clasificados automáticos con peor ranking general y los 12 equipos at-large con peor clasificación. Los ganadores de esos 12 partidos avanzan directamente al bracket de 64 equipos y el torneo continúa como siempre.
El resultado final es que ocho equipos que antes se quedaban fuera del torneo ahora entran. Ocho universidades que antes no tenían posibilidad ahora la tienen. Y con ellas, todas las jugadoras de esos programas.
Por qué el número 44 importa más que el 76
En el nuevo formato, los 32 clasificados automáticos —los campeones de cada conferencia— siguen teniendo su plaza garantizada. El resto del campo lo forman 44 equipos at-large, elegidos por el comité de selección en función del mérito deportivo acumulado durante la temporada. Antes eran 36. Ahora son 44. Esos ocho equipos adicionales son el dato real que importa para entender el impacto de esta medida.
¿Qué tipo de programa entra en esa franja? No hablamos de los gigantes históricos. Hablamos de universidades medianas con programas sólidos pero sin el presupuesto ni la proyección de un UConn, un South Carolina o un UCLA. Programas que juegan en conferencias competitivas, que tienen entrenadores ambiciosos, que ofrecen becas completas y que ahora tienen una razón más para invertir en talento y en sus equipos. Son exactamente el tipo de universidad donde una jugadora española que llega desde un Junior College puede encontrar su lugar, desarrollarse y terminar apareciendo en un torneo nacional.
Más equipos en el torneo significa más universidades invirtiendo en baloncesto femenino
Este es el efecto que menos se comenta pero que más te afecta directamente. Cuando el NCAA anunció la expansión, aclaró también que las nuevas plazas vendrán acompañadas de más financiación distribuida entre los programas participantes. La organización calcula que podrá distribuir más de 131 millones de dólares adicionales a las universidades durante los próximos seis años gracias a los ingresos generados por los nuevos partidos.
Más dinero en el sistema significa más presupuesto para los programas. Más presupuesto significa más becas. Más becas significa más plazas disponibles para jugadoras que demuestren su nivel. Y más plazas disponibles significa más oportunidades para jugadoras españolas que lleguen al sistema americano con las credenciales correctas.
La conexión directa con Junior College
Este punto es clave y merece que lo expliquemos con claridad. El camino más inteligente para la mayoría de las jugadoras españolas hacia una universidad NCAA no es llegar directamente a un programa de alto nivel y competir desde el primer día con jugadoras que llevan toda la vida en el sistema americano. Es hacer ese recorrido en dos etapas: primero un Junior College, donde puedes aclimatarte al nivel físico, al sistema académico y al baloncesto americano; y después dar el salto a una División I con dos años de credenciales reales encima de la mesa.
Precisamente las universidades que más se benefician de esta expansión del torneo son los programas medianos que ahora ven cómo sus posibilidades de clasificarse para March Madness aumentan. Esos mismos programas son los que más activamente buscan jugadoras transferidas desde Junior College, porque saben que llegan formadas, con experiencia en el sistema y listas para competir desde el primer día. La expansión del torneo y la ruta Junior College no son noticias separadas. Son parte de la misma ecuación.
Qué significa que hasta Geno Auriemma lo critique
No todo el mundo ha aplaudido la medida. El entrenador de UConn, uno de los más ganadores de la historia del baloncesto femenino universitario, calificó la expansión públicamente como una operación motivada principalmente por el dinero. Y tiene razón en parte: la NCAA también aprovechó el anuncio para confirmar que en 2027 empezará a aceptar publicidad de marcas de alcohol en sus torneos, lo que generará ingresos publicitarios adicionales considerables.
Pero la crítica de Auriemma, que dirige un programa con recursos prácticamente ilimitados y que se clasifica para el torneo sin esfuerzo cada año, dice más sobre su posición privilegiada que sobre el impacto real de la medida. Para los programas que operan fuera de ese olimpo, y para las jugadoras que compiten en ellos, ocho plazas adicionales en el torneo más importante del baloncesto universitario femenino es una oportunidad real. No un regalo. Una oportunidad.
El mensaje para 2027
Si estás considerando el baloncesto universitario americano como parte de tu futuro, este es el contexto en el que vas a competir dentro de un año. Un sistema que crece, que tiene más plazas, que distribuye más dinero y que ofrece más visibilidad a más universidades de las que antes tenían acceso al escaparate más grande del baloncesto femenino universitario.
El torneo March Madness es el momento del año en que América entera mira al baloncesto universitario femenino. Y a partir de 2027, hay ocho equipos más que pueden estar en él. Si tus credenciales están bien construidas y has recorrido el camino con las personas adecuadas, uno de esos equipos puede ser el tuyo.


